Cuaderno / Temporada y vida en Chile

Tarot con una venezolana, desde Chile

Chile es uno de los países que más venezolanos recibió en la última década. Hoy se les ve en los cafés de Providencia, en las bodegas de Quilicura, en los hospitales, en las micros de Antofagasta y en las ferias de Temuco. Yo nací en Venezuela, me fui a Argentina y hoy vivo en España; escribo esto para mis paisanos en Chile, que conocen bien la palabra «empezar».

Una arepa y una taza de café en una cocina pequeña con la cordillera nevada por la ventana

El primer invierno en Santiago

Para quien viene de Maracaibo o de Valencia, el primer invierno santiaguino con smog, frío seco y departamentos sin calefacción es un golpe. Coincide, además, con el momento en que se acaba la adrenalina de la llegada y empieza a pesar la distancia. Muchos cuentan que fue en el primer junio cuando más pensaron en volver.

Los papeles y el trabajo

La visa, el RUT, la convalidación del título que no llega. Médicos que trabajan de guardias, profesoras que limpian casas mientras esperan. Esa distancia entre lo que uno era y lo que hace ahora duele, y conviene nombrarla para que no se vuelva vergüenza. No es un fracaso; es una etapa.

Cuando duele cómo te miran

Hay venezolanos que en Chile solo han recibido cariño, y otros que tuvieron que escuchar insultos en la calle o en redes cada vez que una noticia mezcla delincuencia con migración. Esos comentarios dejan marca, sobre todo cuando uno lleva años trabajando derecho. Contarlo, en vez de tragárselo, ayuda a que no se convierta en rabia ni en ganas de esconderse.

La familia repartida

Casi todos tenemos a alguien en Caracas o en Barquisimeto, otro en Lima, otro en Madrid. Las videollamadas a distintas horas, las remesas, la mamá que envejece lejos, la pregunta de traerla o no. Es una forma de vivir que cansa, aunque se haga con amor.

Los hijos que ya hablan chileno

Los niños se adaptan rápido: en un año dicen «po», comen sopaipillas y cantan el himno chileno en el colegio. A los padres eso les da alegría y a veces un poco de pena. Contarles de dónde vienen y cocinar con ellos arepas o hallacas en diciembre ayuda a que crezcan con las dos raíces.

Hablar con alguien que lo vivió

En una sesión conmigo no necesitas explicar qué es emigrar. Podemos mirar con las cartas lo que hoy te pesa: quedarte en Chile, volver, seguir a otro país, una relación, la familia lejos. Para trámites, el Servicio Nacional de Migraciones o un abogado; para lo demás, una conversación de 45 minutos en la Sesión de Diagnóstico.

Ejemplos editoriales, no relatos de clientes. Una interpretación simbólica no acredita hechos privados ni garantiza resultados.

Lo práctico, claro.

Antes de consultar.

¿Maryana es venezolana?

Sí. Nació en Venezuela, vivió unos años en Argentina y hoy reside en España.

¿Me puede ayudar con la visa o los papeles?

No, eso corresponde al Servicio Nacional de Migraciones o a un abogado. La sesión acompaña la parte personal.

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